Debido a que es el órgano más grande y más importante del cuerpo humano, el cuidado que se le debe conceder a la piel debe ser completo. Esto debido, a que se encarga de proteger al organismo, a las células y a cada uno de los tejidos que nos compone como seres humanos.

Sin embargo, a pesar de que se considera que esta posee una protección natural, se presentan momentos en que los descuidos pueden generar problemas y afectar por tanto, sus funciones.

Una buena hidratación para una piel sana

En la mayoría de los casos, se habla de dificultades para la hidratación de la piel, presentándose cuadros de deshidratación, que se deben tratar con la mayor celeridad posible.

¿Cuáles son las causas de los problemas de hidratación de la piel?

Cuando se habla de una mala hidratación, lo primero que llega a la mente, es una alimentación desequilibrada que, con la falta de líquidos en el organismo, se convierten en el peor enemigo para la retención de agua por parte de las células.

Esto, provocado por la interrupción de las funciones de las glándulas sebáceas que se encuentran en la piel y que se encargan de producir una sustancia que sirve como protección. Por ello, cuando se presentan cuadros de deshidratación, la piel empieza a verse, débil, vieja y reseca.

Aparte, los cuadros de mala hidratación en la piel también se ven producidos por la edad, como parte del proceso normal de envejecimiento de las células y su dificultad para retener líquidos. Obligando, a que, con el paso de los años, los tratamientos recomendados para la hidratación de la piel sean más agresivos.

Además de todos estos factores orgánicos, los externos tienden a ser de los más dañinos, ya que, afectan la capa protectora de la piel y en ciertas ocasiones, intoxicándola.

De estos factores, tanto el uso de la calefacción como de los aires acondicionados tienden a evaporar el agua que se deberían retener, atacando la dermis; al igual que lo hace el tabaco y el alcohol.

En estos dos últimos casos, la retención de agua también se ve afectada por la reducción del oxígeno en la sangre y por el efecto deshidratador, especialmente del alcohol.

Aparte de estos, el humo, la contaminación del medio ambiente y la exposición al sol, se consideran importantes factores que debilitan la piel.

 

¿Qué consecuencias produce la deshidratación en el cuerpo y en la piel?

Cuando se habla de las consecuencias de una mala hidratación de la piel, se tiene que establecer que esta comienza afectando los procesos de sudoración y la limpieza de las toxinas que se van acumulando. Esto produce, que se generen ciertos problemas en algunos procesos orgánicos y que la piel empiece a mostrar señales del malestar, con la aparición de puntos negros o granos.

Durante los primeros síntomas de una hidratación deficiente, se presenta un aumento de las posibilidades de padecer arrugas, un aspecto opaco e incluso, manchas. Esto se debe, a que va perdiendo su elasticidad natural y todas las sustancias que le conceden salud y vitalidad.

En el caso de que no se recuperen, los niveles de hidratación de la piel, los problemas se empiezan a profundizar, se pueden presentar dificultades como mareos, desequilibrios en la tensión arterial y daños en los riñones. En los casos, en los cuales el problema persiste, existe la posibilidad de presentarse daños cerebrales.

Esto ocurre internamente y no es visible, pero externamente, la resequedad va empeorando, generando aspereza, tirantez e irritabilidad, aspectos que hacen obvia su debilidad. Todo esto provoca, que aumente las probabilidades de padecer enfermedades en la piel, tales como la psoriasis o eczemas atópicos.

Los problemas que se pueden generar por una deshidratación son lo suficientemente serios como para obligar a las personas a tomar notas y a identificar los factores de riesgo. Esto con el fin de disfrutar de una piel rejuvenecida y evitar inconvenientes que afecten los órganos.

 

¿Cómo se puede prevenir y tratar la mala hidratación en la piel?

Si se desea disfrutar de una piel sana, brillante, libre de impurezas y sin arrugas, se debe atacar tanto las causas internas como las externas.

Es así, como primero que todo se debe iniciar con tomar abundante agua y optar por una dieta balanceada pero que sea rica en vitamina A, B3, C y E. Todos estos elementos aportan brillo, elasticidad y la hidratación que la piel necesita.

Este sin duda alguna, es el paso más importante, ya que se busca que todas las células y tejidos realicen sus funciones sin ningún inconveniente.

De esta manera, nos podríamos enfocar en los tratamientos y la prevención de una mala hidratación, producto de factores externos.

Para comenzar, se recomienda bañarse con agua tibia o un más tanto fría, por un periodo menor a 20 minutos, esto debido a que estas temperaturas contribuyen con la fortaleza y la elasticidad de la piel.

Además, durante los baños, se recomienda utilizar geles, evitando jabones, ya que su composición tiende a producir irritaciones; junto a esto, se recomienda utilizar toallas en vez de esponjas para no dañar a piel.

La rutina diaria, se convierte en el aliado más importante cuando se trata de mantener o buscar recuperar la hidratación de la piel.

Es así, como el proceso debe comenzar siempre con el des-maquillaje, seguido por la limpieza profunda de la piel, ambos procesos se encargan de prepararla para ayudarla en la absorción de los nutrientes. Los productos que se utilicen, deben adaptarse al tipo de piel que se posee.

Después de esto, se debe utilizar un tonificador, para restaurar el pH.

Por último, el paso más importante cuando buscamos combatir la mala hidratación, es el uso de una crema hidratante que se encargue de ofrecerle a la piel una capa protectora ante los efectos de la contaminación y el humo.

A la hora de elegir las cremas hidratantes, se deben utilizar aquellas que se adapten no solamente a nuestro tipo de piel, sino también al momento del año, debido a que hay algunas que se especializan en la hidratación de la piel durante el invierno o el verano.

Aparte, por prevención, siempre se recomienda utilizar protector solar para los efectos que pueden tener los rayos UV en la retención de líquidos.